martes, 28 de noviembre de 2006

TRINCAR

El sexo me atrae mucho.

No digo con esto que me la paso cogiendo; digo que pienso todo el tiempo en coger, en cómo sería coger con este, o con esta; o -cuando me muestran un nene o un bebé- no puedo evitar imaginarme cómo habrán cogido para tenerlo; si habrán gozado o si simplemente fue uno de esos despistes, un descuido, una trincada a desgano o una inconciencia.

Me atrae pensar cómo nos hizo la naturaleza.

¿Por qué nos dividió por sexos?
¿Por qué a los hombres les da por parársele la pija y querer trincar mujeres?
¿Por qué a las mujeres nos gusta que nos trinquen?

¿No es un juego raro, poco claro, que nos trae un placer cuya explicación no es muy entendible?

Si usted clava clavos en una pared eso no le produce mucho placer. Si pone un tornillo en una madera, tampoco. Pero clavar una pija en una concha es lo más grande que puede pasarle en la vida. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? Meter y sacar, que te metan y que te saquen... ¿no es monótono?

Cuando me trincan, no puedo evitar gritar. ¿Por qué?
¿Por qué si me meten una pija grito, como si mi boca gritara por decisión de otro, del que me emperna?

¿Por qué ante una pija me caliento y me lubrico?

Me gusta este juego y me gusta también esa perversidad en la cual no podemos cambiar los roles: yo soy mujer, a mí siempre me trincan (¿por qué no puedo trincar yo también? Cuanto más pregunto, recibo como respuesta que más me trinquen).

jueves, 16 de noviembre de 2006

CONFESIONES DE DIVÁN SEXOLÓGICO

... me gusta que me traten con ternura, pero más me gusta que me maltraten un poco.

... si me muerden las orejas me pierdo; me tienen a sus pies, sea hombre o mujer, y para lo que sea.

... las piernas de las chicas de mi edad me calientan. Cada vez que veo una pierna desnuda de mujer tengo ganas de hincarle el diente.

... los besos de lengua me dan un poco de asquito.

... las pijas erectas me hacen reir: digan la verdad, son ridículas!!! Un tipo con una cosa dura que le sobresale, ¿no es raro y gracioso?

... cuando me miran las tetas por la calle no puedo evitar sonreir, y eso hace creer a los hombres que me gustan. ¡qué imbéciles!

... cuando estoy en clase y me aburro de lo que dice el profesor, me lo imagino cogiendo con la secretaria o con otra profesora, o incluso con él mismo.

... los gritos de mujer en los gimnasios o cuando juegan al tenis me calientan muchísimo.

Sí, ya sé, tengo mucho de lesbiana pero me gustan los hombres, qué tanto!!!