martes, 26 de diciembre de 2006

Joyas de la familia

Desde hace varias generaciones, yo conservo el Anillo de la familia.
se trata de un anillo de cuero de gata, hecho por mi bisabuela materna con engarces de carne de zorra y huesos petrificados. Cada tanto hay que lubricarlo con aceites traídos de lugares recónditos para conservar su color y su textura.

Tengo un amigo, Diego, que tiene un amigo chino. Este chino es un muchacho que fue samurai y que ha perdido un ojo. Desde hace tiempo quiere probar el anillo.

El chino tuerto le dijo a Diego que quiere ponerse mi anillo de cuero solamente un ratito. Cada vez que ve mi anillo de cuero, quiere probarlo.
Alguna vez lo voy a dejar, porque sé que no puede robárselo: si se lo prueba, lo usamos juntos y yo voy con él, atada.

martes, 28 de noviembre de 2006

TRINCAR

El sexo me atrae mucho.

No digo con esto que me la paso cogiendo; digo que pienso todo el tiempo en coger, en cómo sería coger con este, o con esta; o -cuando me muestran un nene o un bebé- no puedo evitar imaginarme cómo habrán cogido para tenerlo; si habrán gozado o si simplemente fue uno de esos despistes, un descuido, una trincada a desgano o una inconciencia.

Me atrae pensar cómo nos hizo la naturaleza.

¿Por qué nos dividió por sexos?
¿Por qué a los hombres les da por parársele la pija y querer trincar mujeres?
¿Por qué a las mujeres nos gusta que nos trinquen?

¿No es un juego raro, poco claro, que nos trae un placer cuya explicación no es muy entendible?

Si usted clava clavos en una pared eso no le produce mucho placer. Si pone un tornillo en una madera, tampoco. Pero clavar una pija en una concha es lo más grande que puede pasarle en la vida. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? Meter y sacar, que te metan y que te saquen... ¿no es monótono?

Cuando me trincan, no puedo evitar gritar. ¿Por qué?
¿Por qué si me meten una pija grito, como si mi boca gritara por decisión de otro, del que me emperna?

¿Por qué ante una pija me caliento y me lubrico?

Me gusta este juego y me gusta también esa perversidad en la cual no podemos cambiar los roles: yo soy mujer, a mí siempre me trincan (¿por qué no puedo trincar yo también? Cuanto más pregunto, recibo como respuesta que más me trinquen).

jueves, 16 de noviembre de 2006

CONFESIONES DE DIVÁN SEXOLÓGICO

... me gusta que me traten con ternura, pero más me gusta que me maltraten un poco.

... si me muerden las orejas me pierdo; me tienen a sus pies, sea hombre o mujer, y para lo que sea.

... las piernas de las chicas de mi edad me calientan. Cada vez que veo una pierna desnuda de mujer tengo ganas de hincarle el diente.

... los besos de lengua me dan un poco de asquito.

... las pijas erectas me hacen reir: digan la verdad, son ridículas!!! Un tipo con una cosa dura que le sobresale, ¿no es raro y gracioso?

... cuando me miran las tetas por la calle no puedo evitar sonreir, y eso hace creer a los hombres que me gustan. ¡qué imbéciles!

... cuando estoy en clase y me aburro de lo que dice el profesor, me lo imagino cogiendo con la secretaria o con otra profesora, o incluso con él mismo.

... los gritos de mujer en los gimnasios o cuando juegan al tenis me calientan muchísimo.

Sí, ya sé, tengo mucho de lesbiana pero me gustan los hombres, qué tanto!!!

lunes, 16 de octubre de 2006

NI UNA SOLA PALABRA

Tengo muchos conocidos por todo el mundo.
Ahora gracias a la red, a la web cam, a la banda ancha, puedo comunicarme con todos a cada instante. Me volví adicta a las preocupaciones de mis congéneres, mis allegados y mis alejados.

Hace un tiempo un chico de veintiún años que conocí por internet gracias a un comentario en otro blog, me mandó un mail preguntándome algo inquietante. Me dijo que había pensado en por suicidarse y que sólo yo le había dicho una palabra salvadora, en uno de esos chateos informales e intrascendentes que manteníamos de vez en cuando. Me pidió, por favor, que le repitiera esa palabra y que nunca cambiara.

No me dijo cuál era la palabra.

Busqué en mi diccionario personal cuáles son las palabras que más uso y que mejor me definen. encontré: "lechuga", "light", "francés", "chat", "tomate", "celular", "Francisco".

Traté de hacer un inventario de las palabras más útiles para un suicida. Las palabras, se entiende, que podrían haber salido de mi boca. Se me ocurrieron algunas frases macabras, pero ninguna palabra reconfortante. "pegate un tiro", "la vida no vale la pena", "si no tenés dinero y si sos feo, estás listo". No me salió la palabra salvadora.

Le mandé una respuesta breve y concisa. La palabra que usé fue "Gatuvelita"

No sé si me lo habrá agradecido o si realmente se suicidó. De esto ya hace dos meses y no tengo respuesta. El chico se llama (o se llamaba) Carlos Gigena y era de Río Cuarto, Córdoba.

lunes, 2 de octubre de 2006

CUANDO MAMÁ SE FUE DE CASA

Cuando éramos muy chicas, mi mamá se fue de casa con otro hombre.
Se fue a Estados Unidos con un tipo que la dejó embarazada. Por cuatro o cinco meses salieron y lo trataron de ocultar, aprovechándose de que mi papá trabajaba hasta tarde y que mi hermana y yo éramos muy chiquitas. El Benja todavía no había nacido.

Gatubellita y yo teníamos seis años, pero nos dimos cuenta de que pasaba algo raro. Mamá recibía llamadas y se quedaba una o dos horas hablando con voz sensual.
Una tarde en septiembre hizo las valijas mientras la mirábamos sin comprender y sin sospechar. Nosotras jugábamos en el patio. Ella iba y venía guardando ropa, alhajas, las fotos de nosotras, carpetas de cuando estudiaba psicología, libros, la multiprocesadora.
Esa misma tarde, cuando ya estaba oscureciendo, se fue dándonos un beso y sin demasiada explicación.
En ese tiempo no llorábamos mucho. No sabemos cómo se habrá enterado papá, pero de un día para el otro se quedó solo, con nosotras dos. Nuestra abuela nos llevaba a la escuela y nos hacía la comida, y preguntábamos cuándo iba a volver mamá pero sin mucha congoja ni expectativas.

Un día mi papá nos quiso contar qué había pasado y por qué mi mamá no volvía.
Dijo que se la habían llevado unos angelitos alados y que ahora dormía el sueño de Dios en un lugar hermoso y lejano. Papá no sabía hablarnos; se pensaba que porque éramos chicas íbamos a asimilar mejor una patraña con ángeles que la pura verdad.

A mamá la vimos un par de veces. Ella tuvo otras gemelas en Estados Unidos. Mi papá se volvió a casar y de esa relación nació el Benja.

lunes, 25 de septiembre de 2006

MI HERMANA GEMELA

Mi hermana gemela tiene un blog en el que habla muy mal de la familia.

He llegado yo para hacerle entender que en esta familia somos muy unidos.

Hay cosas que las tenemos que arreglar entre (nuestra postiza) mamá, papá, el benja y las dos hermanitas. Quizás pueda intervenir Heidi.

Desde que somos chicas, papá nos somete a un castigo cruel y divertido. Llena la pelopincho de barro y nos obliga a que mi hermana y yo nos revolquemos desnudas. Él nos saca fotos y después se las muestra a sus amigos.

Yo sé que hay uno especialmente, Enrique, un señor medio pelado, cuarentón, pero que está bastante bien conservado, que se calienta bastante con nosotras y que tiene la fantasía "Belleza Americana", pero a dúo.

Como somos tremendamente putas, seguro que le vamos a cumplir el sueño. No puede faltar Heidi para que nos tome fotos.