lunes, 2 de octubre de 2006

CUANDO MAMÁ SE FUE DE CASA

Cuando éramos muy chicas, mi mamá se fue de casa con otro hombre.
Se fue a Estados Unidos con un tipo que la dejó embarazada. Por cuatro o cinco meses salieron y lo trataron de ocultar, aprovechándose de que mi papá trabajaba hasta tarde y que mi hermana y yo éramos muy chiquitas. El Benja todavía no había nacido.

Gatubellita y yo teníamos seis años, pero nos dimos cuenta de que pasaba algo raro. Mamá recibía llamadas y se quedaba una o dos horas hablando con voz sensual.
Una tarde en septiembre hizo las valijas mientras la mirábamos sin comprender y sin sospechar. Nosotras jugábamos en el patio. Ella iba y venía guardando ropa, alhajas, las fotos de nosotras, carpetas de cuando estudiaba psicología, libros, la multiprocesadora.
Esa misma tarde, cuando ya estaba oscureciendo, se fue dándonos un beso y sin demasiada explicación.
En ese tiempo no llorábamos mucho. No sabemos cómo se habrá enterado papá, pero de un día para el otro se quedó solo, con nosotras dos. Nuestra abuela nos llevaba a la escuela y nos hacía la comida, y preguntábamos cuándo iba a volver mamá pero sin mucha congoja ni expectativas.

Un día mi papá nos quiso contar qué había pasado y por qué mi mamá no volvía.
Dijo que se la habían llevado unos angelitos alados y que ahora dormía el sueño de Dios en un lugar hermoso y lejano. Papá no sabía hablarnos; se pensaba que porque éramos chicas íbamos a asimilar mejor una patraña con ángeles que la pura verdad.

A mamá la vimos un par de veces. Ella tuvo otras gemelas en Estados Unidos. Mi papá se volvió a casar y de esa relación nació el Benja.

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